Soy EDUCADORA

Soy EDUCADORA

Hace un par de semanas, recibí un mensaje de la profesora de mi hija explicando a los padres que en clase estaban estudiando las profesiones. Nos contaba que normalmente, van los padres y madres a clase a hablar de su trabajo pero que, este año, por la situación actual, los niños nos harían una pequeña entrevista. Me pareció todo un poco americano, pero bueno, cosas menos fáciles nos han pedido en el cole.

Así que, cuando llegó mi hija de clase, le pregunté por el trabajo en cuestión y me dispuse a ser entrevistada. Me miró y, sonriendo, me dijo:
—Mamá, no necesito hacerte ninguna entrevista, lo sé todo sobre tu trabajo.
—Ah, ¿sí? —le pregunté—. Y, ¿qué sabes?
—Pues todo —me dijo—. Sé que trabajas en Espurna, en un centro ocupacional, me sé los nombres de los chavales, me sé sus gustos y sus aficiones y me sé lo que no les gusta. Es que, mamá, nos hablas mucho de ellos y desde que nací trabajas allí. Es normal que lo sepa todo, son como tu otra familia.
Y es que esta frase que me dijo: «Son como tu otra familia», no puede ser más cierta; los educadores y los chavales pasamos muchas horas juntos y compartimos tantas cosas, que se crean unos lazos muy fuertes.

Cuando acaba tu jornada laboral, te vas a casa, pero te llevas también la preocupación de que a Jorge le duele la cabeza o la alegría de que Sandy ha ganado un concurso de dibujo.
Hay momentos complicados en los que se enfadan contigo porque no están de acuerdo con algo o, porque les has llamado la atención por alguna faena que no han hecho tan bien como podrían hacerla, pero también hay ratos preciosos de risas y complicidad.

El otro día, por ejemplo, le dije a Javi en viviendas:
—Que te he dicho mil veces que no vayas descalzo, Pau.
Aclarar que Pau es mi hijo y le tengo que decir siempre que se calce. Javi se empezó a reír y me contestó:
—Madre mía, tu hijo estará de ti hasta el moño.
—Pues sí —le dije—. Soy una pesada, pero eso ya lo sabes tú de sobra. —Y nos echamos unas risas.

El trabajo de educadora tiene muchas más funciones de lo que aparentemente firmas en un contrato de trabajo. Dichas funciones no son siempre baremables de manera objetiva y no te las enseñan académicamente. Se aprenden en el día a día, con una escucha activa y ofreciendo una atención integral a las necesidades personales de cada uno.
Porque bien es cierto que en el centro ocupacional la producción es una parte muy importante del trabajo, pero esto va totalmente unido a la realización personal y al fomento de las muchas capacidades, consiguiendo así, a través del trabajo, una integración sociolaboral de la persona.

Con todo esto, quiero decir que el trabajo como educadora en Espurna tiene una dimensión multidisciplinar enorme y recíproca, ya que la interacción con los chicos crea unos lazos afectivos que, difícilmente, nos daría una profesión ajena a la atención directa a personas, en la que ambas partes nos enriquecemos y aprendemos diariamente.

Y este es el verdadero significado de la palabra EDUCADORA. Con mayúsculas.

– Lola | Educadora –

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