17 diciembre 2025 Cuando el balón une corazones, valores y personas
La chispa de la vida no siempre hace ruido. A veces aparece en silencio, en una mirada que busca complicidad, en unos cordones atados con nervios antes de salir al campo, en un aplauso sincero aunque el resultado no acompañe. En la Fundación Espurna aprendemos cada día que esa chispa está en las personas, y el fútbol inclusivo es uno de los lugares donde más fuerte brilla.
Nuestra misión nos impulsa a acompañar a cada jugador, hacia la felicidad, la autonomía y la inclusión.
En el campo, este acompañamiento se transforma en confianza, en tiempo compartido y en oportunidades reales. Cada entrenamiento es un espacio donde se aprende a creer en uno mismo, donde se descubre que formar parte de un equipo es sentirse visto, escuchado y valorado. ¿Qué necesita cada persona para sentirse segura?, ¿qué la hace disfrutar?, ¿qué la ayuda a dar un paso más? Estas preguntas guían cada acción.
El fútbol inclusivo no va de ganar partidos, va de ganar momentos. Momentos en los que alguien se atreve a intentarlo por primera vez, en los que una dificultad se convierte en logro, en los que una sonrisa dice más que cualquier marcador. Y en ese camino, el papel del facilitador y del entrenador es esencial. Son quienes acompañan desde el respeto, quienes sostienen cuando aparecen las dudas y celebran cada pequeño avance como si fuera una gran victoria. No dirigen, caminan al lado; no exigen, confían. Porque cuando alguien cree en ti, todo cambia.
Nuestra visión nos orienta a ser una entidad de referencia donde cada persona atendida es protagonista de su propio crecimiento. En el fútbol inclusivo, esta visión se hace realidad cuando cada jugador y jugadora siente que su esfuerzo importa, que su voz cuenta y que su manera de ser tiene un lugar. ¿Qué sentimos al vestir la camiseta del equipo?, ¿qué aprendemos cuando caemos?, ¿cómo nos levantamos juntos? En esas respuestas se construye el crecimiento personal y colectivo.
Los valores que nos guían: respeto, compromiso, inclusión, transparencia, trabajo en equipo y calidad humana. Se viven cuando esperamos al compañero, cuando animamos, aunque estemos cansados, cuando aceptamos las diferencias como parte del equipo y cuando cuidamos a la persona antes que al resultado. Son la base de todo lo que hacemos y el latido que sostiene cada experiencia.
Los campeonatos nacionales de Albacete y Ourense fueron mucho más que una competición. Fueron viajes cargados de ilusión, nervios compartidos, abrazos espontáneos y familias orgullosas mirando desde la grada. Fueron días intensos que dejaron huella, donde cada persona se sintió parte de algo grande. Volvimos con medallas invisibles pero imborrables: la autoestima reforzada, la sensación de pertenencia y el recuerdo de haber sido capaces.
¿Dónde está la chispa de nuestra vida? Está en cada persona que se atreve a salir al campo, en cada profesional que acompaña con el corazón, en cada familia que confía y en cada momento que nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos. En Fundación Espurna, la chispa vive en el día a día, en el fútbol inclusivo y en los valores que nos unen, porque cuando las personas son protagonistas, la inclusión deja de ser un sueño y se convierte en vida.
La chispa de la vida no siempre hace ruido. A veces aparece en silencio: en una mirada de complicidad, en los nervios antes de salir al campo o en un aplauso sincero, aunque no se gane.
En la Fundación Espurna aprendemos cada día que esa chispa está en las personas, y el fútbol inclusivo es un lugar donde brilla con fuerza.
Nuestra misión es acompañar a cada persona hacia la felicidad, la autonomía y la inclusión.
En el campo, ese acompañamiento se convierte en confianza, tiempo compartido y oportunidades reales. En cada entrenamiento se aprende a creer en uno mismo y a sentirse parte de un equipo, valorado y escuchado. Siempre nos preguntamos: ¿qué necesita cada persona para sentirse segura?, ¿qué le ayuda a disfrutar y avanzar?
El fútbol inclusivo no va de ganar partidos, va de ganar momentos. Momentos en los que alguien se atreve por primera vez, en los que una dificultad se convierte en logro y una sonrisa vale más que cualquier marcador. En este camino, entrenadores y facilitadores son clave: acompañan con respeto, apoyan cuando hay dudas y celebran cada pequeño avance. No mandan, caminan al lado. No exigen, confían.
Nuestra visión es ser una entidad donde cada persona sea protagonista de su propio crecimiento. En el fútbol inclusivo, esto se nota cuando cada jugador siente que su esfuerzo importa y que su forma de ser tiene un lugar. Caer, levantarse juntos y aprender en equipo forma parte del proceso.
Nuestros valores —respeto, compromiso, inclusión, transparencia, trabajo en equipo y calidad humana— se viven en cada gesto: esperar al compañero, animar aunque estemos cansados y cuidar a la persona antes que al resultado.
Los campeonatos de Albacete y Ourense fueron mucho más que una competición. Fueron ilusión, nervios, abrazos y familias orgullosas. Volvimos con medallas invisibles pero muy valiosas: más autoestima, sentimiento de pertenencia y la certeza de que somos capaces.
La chispa de nuestra vida está en cada persona que sale al campo, en cada profesional que acompaña con el corazón y en cada familia que confía.
En Fundación Espurna, la inclusión se vive cada día, porque cuando las personas son protagonistas, la inclusión se convierte en vida
La chispa de la vida a veces no se nota. A veces aparece en silencio, en una mirada que nos hace sentir unidos, en los cordones que atas nervioso antes de salir al campo, o en un aplauso, aunque no ganemos.
En la Fundación Espurna aprendemos que esa chispa está en las personas, y el fútbol que incluye a todo el mundo es un lugar donde brilla mucho.
Lo que nosotros queremos es ayudar a cada jugador a ser feliz, a poder hacer cosas por sí mismo y a sentirse parte del grupo. En el campo eso significa confianza, pasar tiempo juntos y tener oportunidades de aprender y mejorar. Cada entrenamiento sirve para creer en uno mismo y para sentir que ser parte del equipo es ser visto, escuchado y valorado.
Las preguntas ¿qué necesita cada persona para sentirse segura?, ¿qué le hace disfrutar?, ¿qué le ayuda a dar un paso más? nos enseñan cómo hacer las cosas.
El fútbol inclusivo no es solo ganar partidos, sino disfrutar de momentos importantes. Momentos en los que alguien intenta algo por primera vez, donde se consigue algo complicado, o donde una sonrisa vale más que una puntuación. Los entrenadores y acompañantes son muy importantes. Nos acompañan con respeto ayudan cuando tenemos dudas y se alegran cuando mejoramos. No mandan, caminan a nuestro lado; no exigen, confían. Cuando alguien cree en ti, todo cambia.
Nuestra idea es que cada jugador se sienta importante al mejorar. En el fútbol inclusivo, esto pasa cuando cada jugador y jugadora siente que su esfuerzo importa, que su opinión cuenta y que todos tenemos un lugar.
¿Qué sentimos al ponernos la camiseta del equipo?, ¿qué aprendemos cuando hay fallos?, ¿cómo superamos los fallos juntos? En esas cosas crecemos juntos como personas.
Los valores que seguimos son: respeto, compromiso, inclusión, ser sinceros, trabajar en equipo y ser buenas personas. Los sentimos cuando esperamos a un compañero, cuando animamos, aunque estemos cansados, cuando aceptamos que todos somos diferentes y cuando cuidamos a la persona antes que al resultado. Esto es lo más importante de todo lo que hacemos y lo que hace que cada momento sea especial.
Los campeonatos nacionales de Albacete y Ourense fueron mucho más que partidos. Fueron viajes llenos de ilusión, nervios de todos, abrazos y familias orgullosas mirando los partidos. Fueron días intensos donde todos nos sentimos parte de algo grande. Volvimos sin ganar medallas, pero nuestra medalla de verdad fue sentirnos más seguros, parte del equipo y orgullosos de lo que conseguimos.
¿Dónde está la chispa de nuestra vida? Está en cada persona que se atreve a salir al campo de juego, en cada profesional que acompaña con cariño, en cada familia que confía y en cada momento que nos recuerda por qué hacemos esto. En la Fundación Espurna, la chispa está todos los días, en el fútbol inclusivo y en los valores que nos unen, porque cuando las personas son importantes, la inclusión deja de ser un sueño y se convierte en realidad.